Cristina López, organizadora de la Escuela de Padres y Madres de Collado Villalba, nos habla de otro aspecto de la educación de los adolescentes en Un Paseo en Familia:
LOS DISTINTOS ESTILOS DE AUTORIDAD CON EL ADOLESCENTE
1.-Tenemos una hija de 15 años. Lo único que hemos hecho es esforzarnos para que tenga de todo y a la muy desagradecida todo le parece poco y no lo aprecia ¿podemos cambiar esta situación?
La situación no es fácil de modificar porque sin querer como le hemos dado “todo”, ha ido interiorizando el mensaje de que a uno le dan por obligación, sin ganárselo y sin necesidad de esfuerzo. Al crecer dentro de esta dinámica el adolescente exige permanentemente, sin miramientos y sin valorar o apreciar lo que cuesta todo. Lo más importante en estos casos es hacer esta reflexión anteriormente indicada para poder adoptar otra postura ante lo que le vamos a ofrecer a nuestro hijo, con un nuevo planteamiento educativo basado en la recompensa y no en el “dar por el dar a cambio de nada”, ya que este planteamiento no le va a ayudar en el futuro y le hará ser más feliz al apreciar lo que tiene o va consiguiendo.
Esta situación de protección mal entendida puede provocar unas consecuencias nefastas para su adultez, como:
- Fuera de su ambiente familiar podría ser incapaz de defenderse por sus propios medios y una persona dependiente.
- Se angustiará ante las dificultades porque no ha recibido el aprendizaje adecuado para superarlas con estrategias adecuadas. No le hemos enseñado a tolerar la frustración.
- Será inseguro.
- Se convertirá egoísta, exigente y hasta tirano.
- Será incapaz de agradecer nada porque creerá que es normal que los demás estén pendientes de él e incondicionalmente le ofrezcan lo que desea
2.- Siempre hemos tenido normas en casa con una directriz muy clara de educación con nuestro hijo de 15 años y hasta ahora hemos valorado su obediencia, pero las noticias de su comportamiento fuera de casa es que es inadecuado: conflictos en el instituto, problemas de peleas en la calle… No lo entendemos, ya que siempre hemos sido severos y sabe que esto le va a suponer un castigo. ¿Por qué este comportamiento cuando está fuera?
En este estilo de padres y madres existe un desequilibrio entre la dirección (límites) y el afecto. Cuando hay máxima dirección y mínimo afecto los adolescentes suelen aprender pronto la imagen que tienen que dar para que les juzguen como “buenos”, pero sin interiorizar nada, es decir sin hacer este aprendizaje parte de sí mismos. Esto implica que cuando estén fuera de ese papel que deben cumplir para no ser severamente cuestionados o castigados, darán rienda suelta a sus instintos sin plantearse o sin reflexionar, ya que no lo ha aprendido.
Éstas serían algunas de las características acerca de padres o madres con un estilo de autoridad autoritario:
- Intentan moldear, controlar y valorar el comportamiento y actitudes del hij@ de acuerdo con unas normas de conducta cerradas y motivadas por consideraciones ideológicas o teológicas con dogmas cerrados respecto a la moral y formuladas por una autoridad más alta.
- Valoran la obediencia como una virtud y favorecen las medidas punitivas para frenar la propia voluntad del adolescente en aquellos puntos donde las acciones o creencias del mismo entran en conflicto con lo que se cree que es la conducta correcta
- No alientan la comunicación verbal, ya que el adolescente debe aceptar como correcto lo que sus padres digan, sin negociación posible, sólo con órdenes.
- Programan al mínimo detalle las actividades de sus hijos. No dejan espacio a la improvisación.
- Cuando critican, lo hacen no de las acciones mal realizadas, sino a la persona de su hijo : “eres un inútil”, lo que hace que la persona se desvalorice.
- Piensan que si no duele, los adolescentes no aprenden
- Los padres resuelven los problemas de sus hij@s y toman todas las decisiones por si éstos se equivocan.
Si se identifica con alguna de las características señaladas, sería conveniente reflexionar para poder modificarla y que no tuviera consecuencias más graves, como las del caso planteado o como las que señalamos a continuación:
- Los adolescentes pueden responder con ira, testarudez, ganas de venganza, rebelión o sumisión temerosa
- Se pueden generan dos sentimientos distintos: De culpabilidad que hace adolescentes resignados y desmotivados, o de “máscara”, es decir, aparentan una cosa y hacen otra.
- Se genera agresividad: se muestran huraños, se minusvaloran y pueden descargar violencia con otros más débiles al igual que a veces se hace con ellos.
- Se pueden convertir en niños “enfermos” y pueden padecen enfermedades “psicosomáticas”para llamar la atención.
3.- Nuestro estilo educativo ha sido siempre de diálogo y cercanía a nuestro hijo adolescente de 14 años, siempre le hemos hablado de igual a igual, sin castigo y hemos pretendido ser unos amigos más. A pesar de la confianza que le hemos dado, ha crecido y no nos escucha y se pone furioso cuando le decimos NO a algo, como salir más horas de fiesta, querer más dinero de paga, encapricharse con ropa excesivamente cara …cosas que no consideramos correctas a su edad.
Este modelo de autoridad es más habitual en las últimas generaciones de padres y madres. Es un modelo contrario al anterior pero también descompensado, es decir, mínima dirección (ya que no hay castigo, al menor se le trata de igual cuando no lo es, se dialoga todo…) y máximo afecto (se le da todo dentro de un “afecto” mal entendido). Este estilo educativo se refiere a lo siguiente: Padres con una disciplina laxa, donde el objetivo principal es servir a sus hij@s y hacerles felices incondicionalmente. Creen que las consecuencias que desagradan a sus hij@s no pueden ser efectivas, dando el poder y el control total al adolescente.
Este desequilibrio entre dirección y afecto puede generar consecuencias muy nefastas para toda la familia, ya que el adoescente interiorizará lo siguiente:
- Las reglas son para los otros, no para ellos, porque hacen lo que desean
- Los padres sirven a l@s hij@s
- Los padres son los responsables de resolver sus problemas
- Se vuelven egocéntricos con las consiguientes faltas de respeto
- Desafían las reglas, los límites y a la autoridad (en casa, en la calle, en el instituto…)
- Ignoran y se desconectan de las palabras o ejercen un poder verbal que agota a los padres y madres
- Se pueden convertir en pequeños tiranos
4.- No nos gusta dirigir a nuestro hijo de 15 años, le dejamos que él actúe para que aprenda de sus errores, además suena feo ser la autoridad, suena a autoritarismo, ¿esto es adecuado?
El autoritarismo del que hemos hablado, es absolutamente negativo. Por el contrario, la autoridad (figura de referencia), es absolutamente necesaria. Efectivamente, no se trata de dirigir la vida, sino de servir de guía y de orientación.
Lo más adecuado es aprender a marcar disciplina y que el afecto se encuentre satisfecho, es decir, teniendo en cuenta lo siguiente:
. Los adolescentes son capaces de resolver problemas por sí mismos y hay que disminuir “la dirección” a medida que el adolescente va haciendo avances
. Decirle que es digno de confianza cuando sea oportuno
. Dejarles elegir para que aprendan de las consecuencias de sus decisiones
. Alentar o reforzar (valorando lo positivo) como manera de fomentar la cooperación
. Aceptar al hij@ incondicionalmente, con sus cualidades y sus defectos
. Basado en el mutuo respeto con la autoridad de los padres pertinente
. Considerar al adolescente como participante activo en la solución de problemas, enseñándole a negociar, consensuar y dialogar
. Dar seguridad emocional con un discurso que les enseñe a tener una postura ante la vida de respeto.

Haz Click
No sé si es más difícil tratar con un adolescente o ser un adolescente. Tengo esa época aún bastante reciente y aún estoy marcada jeje. Excelente artículo, excelente blog, un saludo de una periodista entrando en la edad adulta.
Hola Sarinha:
Evidentemente siempre damos por hecho que és muy complicado también ser adolescente. Por ello, nuestra tarea profesional consideramos que también revierte en que se comprenda mejor esta etapa y en que todos, tanto padres, madres, hijos e hijas, convivan y se comuniquen lo mejor posible en casa.
Es cierto que la etapa adolescente marca (como tú dices) pero en todos los sentidos: ¿no te parece a la vez que complicada, una etapa preciosa?…todo hace una grandísima ilusión, tenemos fuerza física y mental a raudales para proponernos muchísimas cosas, tenemos menos prejuicios….a mí me parece que también puede ser muy hermosa.
¡oye, cuando seas una gran periodista, acuérdate de mí para tratar estos aspectos de la educación de los hijos o hijas en cualquier lugar donde te encuentres! jaja. Te irá estupendo seguro y desde aquí te lo deseamos.
Un saludo grande