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Cristina López, organizadora de la Escuela de Padres y Madres de Collado Villalba, nos transmite buenos consejos sobre la educación de los adolescentes en Un Paseo en Familia:

LA CORRECCIÓN DEL COMPORTAMIENTO: PREMIOS Y CASTIGOS 

1.- Nuestro hijo de 14 años no deja de gritar por todo, contesta de forma grosera y nos ha intentado levantar la mano. Le hemos obligado a ir a un psicólogo porque estamos muy preocupados. Lleva cuatro meses pero lejos de mejorar, ha empeorado ¿Qué puede estar ocurriendo?, estamos asustados.

Si un niño reacciona con agresividad o malhumor no nos da derecho a pensar que es así porque lo ha heredado. Debemos preguntarnos en que forma el ambiente ha estado reforzando a este adolescente a comportarse de dicha manera y si ha conseguido sus objetivos con comportamientos poco adecuados.

Si un adolescente va a un psicólogo sin querer acudir, no va a realizar ningún proceso de cambio ya que se siente todavía más señalado que antes como EL PROBLEMA. No sólo ha de asistir el hijo sino también los adultos de referencia (los padres fundamentalmente). Se debería plantear con el chico como que es una responsabilidad de todos cambiar la situación y, de esta forma, tendremos más garantías de que acepte una intervención y esté en disponibilidad de interiorizar los cambios. Es conveniente replantearse las técnicas educativas que hemos aplicado, ya que posiblemente algunas han sido eficaces en otras etapas evolutivas, pero ya no lo son en la adolescencia. Se puede comenzar por seguir un plan similar al que se indica a continuación:

1. Definir con claridad la conducta y decir lo que el chico debería cambiar de la manera más detallada posible. Por ejemplo: Diremos “grita cuando se le dice NO a las salidas con los amigos”, “grita cuando se le insiste varias veces para que realice las tareas escolares”…, en lugar de “es grosero” o “es un histérico”o “es un desobediente!, para no generalizar y aprender a analizar en qué momentos se da concretamente la conducta- problema.

2. Para poder definir con claridad la conducta es necesario observarla. Estas observaciones podemos hacerlas a lo largo del día, en momentos concretos, en situaciones específicas o en otras condiciones que fijemos de antemano.

Por medio de registros adecuados, señalaremos la frecuencia (número de veces), la intensidad (cuánto o la cantidad) y la duración de dicha o dichas conductas (tiempo que dura).

3. Después aplicaremos los refuerzos o castigos que sean más adecuados y mediremos cada semana si la frecuencia, la intensidad y/o la duración de la conducta ha disminuido. Si ha sido así, continuaremos con la medida, sino, hemos de modificarla ya que no está siendo eficaz.

Para facilitar la tarea de ofrecer refuerzos positivos (aspecto imprescindible para el cambio) y castigos adecuados o su eficacia, sería de mucha utilidad que ambos padres se sentaran y reflexionaran acerca de las siguientes cuestiones sobre su hijo:

–  ¿Premia a su hijo cuando realiza una conducta apropiada?, ¿qué hace para que los comportamientos “buenos” de su hijo se mantengan o aumenten?, ¿le dice a su hijo las cosas que hace bien?, ¿qué premios son los más efectivos para su hijo?, ¿promete recompensas que no cumple?, ¿a veces da la recompensa antes de que su hijo cumpla lo acordado?

–  ¿Qué hace para que los comportamientos inadecuados de su hijo desaparezcan?, ¿qué castigos son los más efectivos para su hijo?, cuando castiga a su hijo ¿éste sigue ofreciendo la conducta negativa?, ¿qué cree que gana su hijo con ello? (intente no contestar “fastidiarme” porque no es real), una vez que se decide aplicar un castigo ¿lo cumple o cede ante las presiones o promesas de su hijo?

–  ¿Hay acuerdo entre usted y su pareja a la hora de premiar y castigar?, si se contradicen, pierden la autoridad.

Si hay cuestiones que no se habían planteado o que no sabe contestar, háganlo juntos y seguro que una vez ordenen sus planteamientos educativos, podrán realizar un plan de actuación eficaz, firme y con mejores resultados que el que tenían, haciendo partícipe al adolescente a posteriori de las conclusiones. (más…)

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Cristina López, organizadora de la Escuela de Padres y Madres de Collado Villalba, vuelve con Un Paseo en Familia dedicado a los adolescentes.

EL OFICIO DE SER PADRES Y MADRES DE HIJOS E HIJAS ADOLESCENTES

1.- Algunos padres y madres verbalizan que no hace falta aprender a ser padres porque educan a sus hijos como les educaron a ellos y cuando hay conflictos, sólo se necesita el sentido común. Este pensamiento cambia cuando comienza la rebeldía de la etapa adolescente que nos desborda la situación y solicitamos ayuda y asesoramiento. ¿Esto da resultado, sirve para algo o es muy tarde?

Los padres y madres intentan resolver con “sentido común” muchas situaciones o problemas que les plantean sus hij@s. Pero el sentido común es muy contradictorio: unas veces nos insta a aplicar disciplina; otras, nos produce ternura excesiva o pena àra poner límites, etc. Cuando los padres y madres miran a sus hij@s adolescentes y los ven llenos de problemas, distintos totalmente de lo que ell@s hubieran deseado que fueran, frecuentemente lo atribuyen a la “sociedad de hoy”, al hecho de que “ la juventud ya no es como antes”, etc. Y sin embargo, las causas de los problemas de sus hij@s están más cerca de ell@s de lo que creen: si no todas, gran parte residen en el enfoque de la educación que les han dado. Los instintos naturales no son suficientes, ni la educación que se les dio se adapta ya a las necesidades de una sociedad que ha cambiado radicalmente y continúa en constante evolución, provocando actitudes y problemas que dificultan, si no impiden, una satisfactoria inserción en el mundo que van a encontrar, tan distinto del que vivieron ell@s.

Hay que apuntar que muchas veces se observa que lo que el modelo educativo que llevaron a cabo los padres en una etapa evolutiva anterior les funcionó, por tanto tienden a repetirlo cuando llega la etapa adolescente pensando que una vez más conseguirán el resultado esperado. Pero esto no es así y hay que replantearse un nuevo modelo con estrategias diferentes adaptadas a la nueva etapa evolutiva tan compleja como la adolescencia.

De esta reflexión, podemos concluir lo siguiente: Los padres y las madres han de formarse para influir positivamente en la conducta de sus hij@s. Esta formación ha de suponer conocer la psicología  y el desarrollo evolutivo del adolescente y concretar qué pretenden conseguir con la acción educativa sobre sus hij@s. ES FUNDAMENTAL CON HIJOS ADOLESCENTES HACER UN EQUIPO DE PADRES FUERTES. (más…)

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